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  • Tejido Humano

Mujeres en el poder y su incidencia en la toma de decisiones

Adriana Avilés Alvarado

A pesar de todos los avances alcanzados por las mujeres en la conquista de escenarios para la toma de decisiones, la inequidad aún es enorme.

Es fundamental, que reconozcamos las luchas de las mujeres que nos precedieron, incluso dando la vida por lograr el reconocimiento de derechos políticos para todas nosotras. Y la manera de reconocerlo es precisamente participando, asumiendo el liderazgo, involucrándose en los procesos de decisión públicos, o cómo mínimo comprendiendo los contextos en que vivimos, y por supuesto votando de manera consciente y libre.

Continuar en esta lucha es un desafío que debemos asumir, sabiendo que debemos trabajar el doble o el triple para lograr que las mujeres de generaciones venideras gocen de equidad verdadera.

Las mujeres somos el 49.5 % de la población mundial, actualmente, en 193 países hay 10 mujeres como jefes de Estado. Es desalentador analizar las cifras de participación de la mujer en escenarios de poder: solo el 24.9 % de mujeres participan en los parlamentos, y para el caso de Colombia, en donde existen 25.2 millones de mujeres, la representación en cargos poder resulta muy baja. En el Congreso de la República, de 258 congresistas solo 53 son mujeres y si analizamos las cifras de representación regional de los 32 departamentos que integra Colombia, solo dos mujeres son gobernadoras y si vamos al nivel local, de las 1101 alcaldías del país, tan solo 121 municipios tienen de gobernarte a una mujer. Y yo les pregunto ¿saben ustedes cuántas concejalas tiene su municipio o cuántas diputadas tiene la región en la que viven?

Las mujeres debemos participar porque tenemos una mirada distinta sobre lo público, más orientada hacia lo social desde una política del cuidado. Sin embargo, las mujeres en lo público no son inmunes a la corrupción, por eso, es fundamental insistir en que parte de esta lucha por la equidad se conquista precisamente demostrando mejores prácticas, haciendo evidente en cada comunidad que nuestra presencia se traduce en mayor transparencia, y en un mejoramiento real de las condiciones de la ciudadanía, a partir de una gestión inteligente, efectiva, e incansable.

No podemos llegar al poder a copiar liderazgos nocivos, así mismo, no deberíamos participar de los partidos que no respetan los derechos de las mujeres y que no propenden por la equidad de género.

El ejemplo nos lo dan muchas mujeres valiosas, que han logrado llegar al poder para marcar una historia diferente y ser referentes de lo que representa ser una mujer en la política en términos del arte de servir a los demás. Esto no solo es inspirador, sino que nos demuestra que es posible. Por supuesto se necesita pasión, vigor, energía y algo de locura. Es una lucha en la que nos encontramos contra una resistencia enorme, incluso entre las mismas mujeres. Se necesita más solidaridad y desarmar la palabra entre nosotras mismas.

Son muchas las historias de vida de mujeres valientes que han derrotado los obstáculos y que a pesar de las adversidades y mitos sociales que en algunas circunstancias ponen a la mujer en un escenario de inferioridad al lado de los hombres, lograron abrir un camino para motivar a muchas otras mujeres a emprender la lucha por la equidad e igualdad de los derechos y tener claro que sin nosotras en los escenarios de representación ¡jamás! Recuerden la historia de Billie Jean King (Batalla de sexos).

Nos corresponde construir un mundo más sustentable, donde vivamos en armonía con la naturaleza y se cierren las brechas sociales. Para esto, debemos aprovechar que cada vez tenemos más acceso a la educación para seguir capacitándonos, y haciendo uso de las herramientas tecnológicas.

Debemos avanzar hacia una visión universal que nos permita integrar nuestras experiencias comunes para generar las transformaciones necesarias.

Debemos creer en nosotras mismas, atrevernos a participar y no autolimitarnos. Las capacidades de las mujeres son más que suficientes para asumir los cargos de representación pública. Somos capaces de mejorar nuestras democracias. Si administramos casas sin dinero, desde el sacrificio y la entrega, somos capaces de gestionar un Estado desde la óptica de la austeridad.

Esto no es una guerra de mujeres contra hombres, no permitamos que se distorsione el sentido de nuestra lucha, porque las mujeres somos protagonistas de las transformaciones que deben darse en todo el mundo y para lograr este propósito es necesario reconocernos entre nosotras mismas para sumar esfuerzos, juntar nuestras capacidades y con ello, avanzar hacia una democracia real y participativa en donde de la mano con los hombres logremos transformar sociedades y mejorar la calidad de vida de las comunidades.

Gran reto nos espera si en realidad queremos ser parte de la construcción de una historia diferente o pasar a la historia.

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